Su voluntad es perfecta (Él es Dios)

Esta mañana cuando iba a orar por una situación en específico, por primera vez no supe qué pedirle al Señor. La situación era clara, ya se la había presentado antes a Él y estuve orando por ello, pero algo cambió hoy.

Cuando oro pidiéndole algo al Espíritu Santo, siempre termino diciéndole que ante todo lo que yo le pida, quiero que se haga Su voluntad y no la mía; por ejemplo: “Señor, ayuda a esta persona con su familia, que pueda ver de nuevo a su hijo pronto, si es Tu voluntad”.

El Señor hará Su voluntad, ya sea actuando a través de nuestras oraciones y peticiones o directamente lo que Él ya ha establecido.
Un ejemplo de que el Señor hace Su voluntad usando nuestras oraciones es cuando el pueblo de Ninive se arrepintió y oro al Señor, y el Señor no los destruyó. El Señor hizo Su voluntad escuchando la oración del pueblo quienes estaban pidiendo algo (que no fueran destruidos y buscaban obedecer a Dios).

Ahora, un ejemplo sobre el Señor haciendo Su voluntad siendo contraria a lo que le pedimos es cuando Jesús estaba en el Getsemaní. Jesús le dijo “Y adelantándose un poco, cayó sobre Su rostro, orando y diciendo: «Padre Mío, si es posible, que pase de Mí esta copa; pero no sea como Yo quiero, sino como Tú quieras».”
‭‭Mateo‬ ‭26‬:‭39‬ ‭NBLA‬‬. Jesús dijo “¡Padre mío, como deseo que me libres de este sufrimiento!” (TLAI). El Padre lo escuchó, pero el Padre hizo Su voluntad y no la de Jesús, pues sí permitió que muriera en la cruz y recibiera Su irá para salvarnos (aun así Jesús sí quería salvarnos, más en su humanidad no deseaba pasar por ese sufrimiento)

¿Ves a lo que me refiero? El Señor nos escucha y puede cambiar la situación de acuerdo a nuestras oraciones, y a la vez siempre hará Su voluntad cuando oramos. El punto está en que cuando oremos no nos aferremos a que se haga nuestra voluntad, sino la Suya y confiar que es mejor.

Pero hoy en mi oración no supe que pedir a pesar de que ya lo había pedido muchas veces.

  1. “.Señor, sana a a esta persona”
  2. “Señor, si no la sanas, que aprenda sobre ello y se acerque a ti”
  3. “Señor, que no sea nada grave”
  4. “Señor, dale fuerza si es algo grave”

En ese momento en que no pude pronunciar algo de eso, pensé en lo que realmente es confiar en la voluntad de Dios. No es que deje de pedirle por no saber que pedirle, porque aun el Espíritu Santo intercede por nosotros cuando oramos al Padre (Romanos 8:26). Lo que aprendí no fue qué palabras pronunciar, sino a realmente aceptar que la voluntad de Dios es mejor.

Al orar no supe cuál escenario era mejor para la situación, (muchos dirían “pues que la persona se sane”) pero ¿realmente lo es? ¿Eso lo llevará a conocer a Cristo ? Quizá sí, o quizá solo lo aleje más porque ya está sano y “no necesita” buscar a Dios. Quizá el que la persona siga enferma, ¿pero eso le ayudará a conocer a Cristo? Quizá sí porque verá que Él es el único que da consuelo y más allá de la enfermedad física, Jesús puede salvarle de la ira de Dios. O quizá no, quizá la persona piense que Dios está siendo injusto y se aleje más de buscarle.

Ven a lo que me refiero? ¿Cómo voy a saber yo qué es lo mejor que debe pasar? Yo no conozco el corazón de la persona, yo no sé qué va a hacer el Espíritu Santo en ella, yo no sé con exactitud lo que le llevará a esta persona a conocer a Cristo (porque ese es el propósito de todo, que las personas conozcan a Jesús).
Creemos que tenemos la respuesta ante cada situación, y pedimos casi exigiéndole al Señor que haga lo que nosotros queremos. Incluso, a veces le decimos “que se haga Tu voluntad”, pero cuando hace Su voluntad nos preocupamos o enojamos porque no era lo que esperábamos, quiere decir que no estamos descansando en Su sabiduría y voluntad.

Cómo les digo, no es que tengamos que dejar de pedirle al Señor, porque la Palabra dice que le pidamos (Filipenses 4:6-7; 1 Juan 5:14; Santiago 1:6, etc). (Aunque orar no solo es pedirle, también la oración es para hablar con Él, agradecer, alabarle y escucharle).
Pero el hecho de no saber que pedirle hoy me hizo entender que yo no soy Dios, yo no soy Él, por lo tanto, puedo confiar plenamente en lo que Él haga, aunque parezca descabellado o no tenga sentido. Que puedo orar y pedirle confiadamente, pero que si no salen las cosas como pedí, aun así Él sigue siendo bueno y perfecto. Porque Sus pensamientos son más altos que los míos (Isaías 55:8-9) y, por sobre lo que yo llegue a pedir, si Él hace lo contrario debo encontrar gozo y paz en ello, no afanarme y volverme a preocupar, no intentar tomar el control de las cosas solo porque no se hizo como yo esperaba. No decir “yo confío en el Señor y Su voluntad” pero a la mera hora desesperarme porque no sucedió cómo quería, y comenzar a planear cómo solucionarlo con mis fuerzas.

Confiar es confiar.
No solo es decirlo, es vivirlo.
Es que, cuando suceda lo que el Señor hizo que sucediera, podamos estar realmente tranquilos en que era lo mejor y que Él sigue obrando para nuestro bien. Que Él se glorificará en medio y al final de todo, y que seremos capaces de comprender mejor Su majestuoso carácter divino.

Ora, Él nos dice que lo hagamos; que pidamos e intercedamos por otros, y Él obra a través de nuestras oraciones. Pero al final de tu oración, con sinceridad, dile a tu corazón “pero que se haga Su voluntad y no la mía”. Y cuando Él obre, confiar plenamente en que Él tiene el control y adorarle por ello.

(al final ore por la sanidad de esta persona, pero que por sobre ello, conozca a Cristo como salvador. Sea el plan del Señor sanarle o no, confío en que Él obrará de la mejor manera, y puedo descansar en ello. Él obrará en el corazón de esta persona para que pueda conocer a Jesús algún día)

Él es Dios, y que hermoso es poder confiar en Sus planes, en Su voluntad. Que hermoso es que nos escuche y use nuestras oraciones. Que descanso es dejarle nuestra vida en Sus manos.

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