La vida “clean” se convirtió en mi idolo

Fue una oración contestada.

Desde que tenía 15 años me aparecieron unos tumores benignos llamados fibroadenomas. Eran varios y se mantuvieron de tamaño unos cuantos años pero entre mis 23 y 24 años comenzaron a crecer demasiado.

Visite a un especialista y una de las opciones era operarme para quitarlos y evitar que crecieran más. Y esa era una opción válida; estaba dispuesta a esa operación. Pero siempre me preguntaba “¿si me los quitan volverán a crecer? porque ¿qué los hace aparecer y crecer?”. Aún así estaba dispuesta a juntar para la operación, así que oré.

”Señor, ayúdame a saber si es la mejor opción para mi situación. Ayúdame a juntar el dinero”

Al día siguiente de mi oración me marcaron de un programa que trata el metabolismo. Decidí darle una oportunidad para primero restaurar un poco mi salud de forma natural. (no era consumir productos naturistas de esos que te prometen salud instantánea, no) era un programa para aprender a comer bien.

Entender mi cuerpo, mi metabolismo, mi sistema nervioso, mis niveles de glucosa y como los alimentos afectan y aportan a mi cuerpo. Al cambiar realmente mi alimentación los fibroadenomas disminuyeron un 70% su tamaño y ya no dolían.

Fue una oración respondida.

Comía más verduras, carne y carbohidratos en las porciones correctas (no era contar calorías, ni pasar hambre, sino comer bien lo indicado), tomaba la cantidad de agua que necesitaba, elimine algunos pocos alimentos que subían en extremo mi glucosa, y dejé algunos otros que estresaban mi cuerpo. Todo iba bien, aprendí mucho, pero por mi forma de ser (mi mente, temperamento y naturaleza caída llevé eso al extremo)

Si hay alguien que te pueda decir sobre productos “clean”, alimentos para tu tipo de sistema nervioso, ingredientes, tu glucosa y más, soy yo. Así que cuando hablo sobre la vida super clean, no es que no sepa del tema, lo conozco muy bien.

Pero llegué a un punto donde lo que el Señor me había dado para estar saludable lo convertí en temor. Porque el Señor nos da sabiduría para cuidar nuestro cuerpo y tener salud hasta cierto punto, es nuestra responsabilidad como embajadores del cuerpo que nos ha dado, pero no podemos hacer un ídolo de ello.

Y eso hice yo.

Comencé a leer cada etiqueta de cada producto empaquetado. Incluso leía etiquetas de condimentos, sal, agua, verduras de paquete. Eliminé por completo todo alimento procesado y ultraprocesado. Si había una sola pizca de ciertos ingredientes en algún producto no lo comía (y no hacía “trampita” comiéndolo de vez en cuando, no, jamás lo comía) Hice una búsqueda exhaustiva de productos para usar nuevo desodorante, pasta de dientes, shampoo, proteína para gym, jabón, etc. Dejé de comer todo aquello que estresara mi metabolismo (pero lo dejé por completo, y me sentía mal si lo probaba aunque sea un poco). Dejé de salir con amigos y familia a comer porque tenía terror de solo pensar con qué ingredientes habían preparado eso.

”¿Qué aceite habrán usado?” “¿llevará esto o esto?” “¿Qué tendrán los productos que usan?”

Al principio cocinaba mi propia comida para poder comer carbohidratos, proteína y vegetales proporcionados saludablemente; pero llegó un punto donde incluso me daba miedo comer algo nuevo aunque yo sabía que era bueno comerlo. Si no llevaba mi propia comida al salir con alguien mejor no salía. Sentía culpa, miedo, pensaba que me iba a enfermar con solo probar un pedazo pequeño de una galleta o un dulce. Cada vez que comía algo anotaba si tenía algún síntoma nuevo, si me dolía la cabeza o me dolía algo en específico. Me fijaba si mi cuerpo tenía alguna reacción ante cada alimento que consumía (y cuando digo “cada alimento” me refiero en verdad a cada alimento de cada comida).

Al principio comencé a ir al gym, pues descubrí que me encanta hacer pesas y me ayudó muchísimo a mi salud; pero cuando todo se salió de control empecé a ser muy estricta conmigo misma. Tenía que ir al gym todos los días a las 5 am antes del instituto bíblico, cumplir con mi rutina al pie de la letra y tomarme mi proteína después de entrenar sin que pasaran más de 20 minutos para que “hiciera mejor efecto” (de ese dato no estoy muy segura que sea real pero lo aplicaba).

Debía dormir al menos 8 horas y nada podía interrumpir mi ciclo del sueño. Tanto así, que comencé a dejar de hacer mi devocional temprano con tal de dormir bien. Incluso era más importante para mí ir al gym que leer mi biblia en las mañanas.

Todo esto controlo mi vida por casi un año.

Lo que el Señor me dio para cuidar mi salud (porque al cambiar mi alimentación mi cuerpo realmente mejoró: los fibroadenomas disminuyeron, ya no me dolía la espalda, mi acné desapareció, dormía mucho mejor, etc) lo empecé a idolatrar, comenzó a tomar el primer lugar en mi vida. Cuando dejé que la salud fuera mi ídolo mi salud empeoró porque me estresaba más, dormía peor a causa de la preocupación y a mi cuerpo le faltaban nutrientes porque quité demasiados alimentos por miedo.

Vivía con miedo y no podía salir de ahí.

Hasta que un día me di cuenta (el Señor me lo mostró) y entendí que estaba mal. Que sí debía cuidar mi cuerpo y comer bien, pero que lo había llevado al extremo.

El Señor trabajó conmigo y me enseñó a soltar el control. Me enseñó que Él es soberano y que a pesar de que tengo responsabilidad de cuidarme, no tengo el control absoluto de mi salud, pues si Él quiere me la pude quitar en un segundo. Que todo lo que hago para cuidarme depende también de Él; el hecho de comer y que los alimentos me nutran es por Su poder (me refiero a que Él es quien tiene el control de cada sistema de mi cuerpo para que funcione correctamente cuando consumo algo saludable).

Me enseñó que puedo comer un postre de vez en cuando y no me voy a enfermar ese mismo día. Que Él tiene contados mis días y mi vida depende de Él. También que si algún día lo único que hay de comer es aquello que estresa mi metabolismo, Él cuidará mi cuerpo para que esté bien (por ejemplo hay un alimento que no puedo comer porque sube mi glucosa casi a 200), pero que si es lo único, Él me cuidará.

Claro, no es tentar al Señor comiendo lo que sea porque “al cabo Él me cuida” porque como dije tenemos responsabilidad de cuidarnos. Sino que, Él conoce cada situación y obrará en ello.

Aprendí que a veces no podré comprar aquellos productos clean que realmente son buenos, pero que aún así debo confiar en que Él cuidará de mi salud.

Que hay un equilibrio entre nuestra responsabilidad como embajadores y descansar en que Él es soberano.

Descansar en que Él es soberano. Dejar el ídolo del control y confiar nuestra vida en Cristo.

Hoy en día como mejor, como mas proporcionado y variado. Aunque cada que veo un alimento mi cabeza lo agrupa en alimentos buenos y los de “cuidado”, y a veces me da miedo consumir mucho los de “cuidado” pero los consumo porque se que son necesarios para mi cuerpo. Salgo con amigos y familia a comer sin pensar tanto en cómo prepararon los alimentos (aunque a veces pienso en ello pero intento dejarlo pasar).

No leo etiquetas (aunque algunas me las sé de memoria, pero intento no pensar en ello y comer disfrutando). Busco productos clean pero uso los “no tan clean” cuando no puedo comprar los otros y descanso en el Señor.

Y cada día decido confiar en que el Señor tiene el control y yo no. Seguir Su voluntad, cuidar mi salud pero dependiendo de Su providencia y soberanía.

Así que, hermanos, cuiden su salud (créanme que es posible quitar muchas enfermedades con solo comer correctamente) pero descansen en que todo eso funciona solo por gracia de Dios y que Él es soberano.

Carrito de compra